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Herramientas comunicativas

¿Qué guía un proceso de comunicación “sin estrategia”? Y cómo esta circunstancia puede favorecer la apropiación de conocimientos.

 

Los procesos de comunicación en tres experiencias ambientales en Antioquia, Boyacá y Chocó.

Aún cuando ninguna de las experiencias sistematizadas en el marco de este proyecto contaba previamente con una estrategia de comunicaciones –en el sentido de una ruta o una planeación sistemática que sirviera para encausar las acciones comunicativas–, el ejercicio de sistematización evidenció el sentido y la complejidad de las dinámicas de la comunicación en cada una de las regiones, así como las capacidades de las comunidades y sus organizaciones, como sujetos comunicadores. Si bien, en los tres casos las organizaciones de cada región contaban, en mayor o menor medida, con competencias comunicativas, buena parte de las acciones fueron surgiendo natural y simultáneamente a medida que avanzaban los procesos, respondiendo a las necesidades, las expectativas, las capacidades y los conocimientos propios de sus protagonistas y sus contextos. En ausencia de una estrategia, en muchos casos fueron la experiencia personal, los saberes propios, populares o ancestrales, la intuición y el conocimiento del contexto, los que guiaron los procesos comunicativos, todos ellos acertados en cuanto lograron el avance de los proyectos, enriquecer los procesos y reforzar los vínculos comunitarios, así como dejar aprendizajes y capacidades instaladas.

Pero, ¿cómo eran esas dinámicas comunicativas y qué las guiaba?

Las grandes distancias entre comunidades y territorios rurales, las dificultades de transporte, el conflicto armado y los problemas de orden público, y la ausencia de medios como teléfonos celulares, computadores o Internet, entre otras cosas, determinaron las dinámicas de la comunicación, sus tiempos y sus ciclos.

Gran parte de los procesos en las tres experiencias sistematizadas, acudieron a formas básicas tradicionales de comunicación (encuentros y conversaciones personales): los espacios comunicativos consistían en visitas a las casas o fincas de los vecinos, llamadas telefónicas, almuerzos comunitarios, celebraciones, ceremonias, jornadas de trabajo comunitario, mercados, etc., o quizás formas más organizadas como las asambleas. En muchas ocasiones había necesidad de hacer convocatorias o difusión de estas actividades o reuniones, pero también se hacía de forma oral, pudiendo prescindir del uso de “medios de comunicación”.

Estas dinámicas presenciales permitieron fuertes procesos de apropiación social del conocimiento con la ventaja del arraigo que brinda la experiencia vivida. En tanto se trata, en su mayoría, de conocimientos no académicos sino vivos, tradicionales, populares o ancestrales, sus formas de apropiación no quieren ni pueden prescindir de la vivencia y la convivencia. Los saberes en estos contextos se transmiten “de boca en oreja”, por lo cual, el encuentro, la oralidad y la narración gozan un lugar privilegiado, así como el “hacer mientras se cuenta”, o el “aprender mientras se escucha y se ve hacer”. Son procesos comunicativos integrales en los que se dan, simultáneamente, la transmisión, apropiación y difusión de los conocimientos en múltiples dimensiones mientras se tejen vínculos sociales y con la Naturaleza. Se aprende el qué, el cómo, el para qué, pero también se aprende a comunicarlo. A este nivel, la comunicación escrita, o a través de otros medios, no tiene un lugar tan relevante, incluso, se alcanza a percibir cierto riesgo en que los conocimientos “se queden en el papel”.

El uso de medios de comunicación surge en los procesos, en la medida en que las organizaciones tengan acceso a ellos, como por ejemplo, la prensa escrita local, las radios comunitarias, ciertos medios digitales, especialmente el correo electrónico, y la producción de piezas de difusión como cartillas.

 

El caso de Antioquia – acueductos comunitarios

Dentro de la experiencia de Antioquia, la dimensión comunicativa es evidente en cuanto se trata de una experiencia de iniciativa comunitaria en la que los acueductos “deciden unirse en sus territorios para proponerle al gobierno local la construcción de una política pública dirigida a su fortalecimiento como comunidades organizadas. Este proceso conlleva al diálogo y aprendizaje constante entre la comunidad misma y también con las diferentes entidades públicas del municipio.”

La elaboración de los Acuerdos de Concejo Municipales y luego de una política pública, involucra transversalmente procesos comunicativos que propendan la construcción y el fortalecimiento organizativo de los acueductos como organizaciones sociales y culturales; la formación en ciudadanía y mecanismos de participación; la formación en asuntos financieros y administrativos, como prestadores del servicio; entre otras.

Durante este proceso, las comunidades se ven en la necesidad de convocarse entre sí para la construcción de su política pública, de igual manera requieren difundir su iniciativa entre la comunidad y las entidades públicas de su territorio. Esto se hizo a través de formas muy tradicionales como llamadas telefónicas, voz a voz, cartas, información en las cuentas de cobro, avisos parroquiales, talleres, asambleas, foros, visitas territoriales, reuniones y correos electrónicos; en algunos casos, volantes y a través de emisoras comunitarias.

Al interior de los acueductos, las decisiones se toman en asambleas comunitarias por consenso. Las comunidades organizadas construyen el Acuerdo de Concejo a través del diálogo entre los líderes de cada acueducto comunitario y luego se le presenta a la comunidad la propuesta. Para ello se realizan foros, asambleas, reuniones y talleres. Posteriormente, se construye la política pública de manera participativa con todos los acueductos comunitarios a través de talleres, encuestas y formularios. Otro punto fundamental de la participación es la asistencia a los espacios públicos donde se presenta la propuesta: el concejo municipal es uno de ellos.

En cuanto a la difusión y visibilización, algunas experiencias han sido difundidas a través de medios locales digitales y también por los mismos acueductos comunitarios en diversos espacios como asambleas departamentales, foros y reuniones de movimientos sociales como el Comité en Defensa del Agua y de la Vida de Antioquia, ADACA, y en los encuentros de la Red Nacional de Acueductos Comunitarios. Así mismo, la Corporación Penca de Sábila ha presentado las experiencias en espacios internacionales referidos a los movimientos por la defensa del agua como la Red Vida (Vigilancia Interamericana para la Defensa y Derecho al Agua), la Plataforma de Acuerdos Público-Comunitarios (APC), el pabellón del agua de la Cumbre de los Pueblos Rio +20, entre otros.

 

El caso de Boyacá – agroecología

En el caso de Boyacá, se trata de una experiencia que entraña un amplio proceso comunicativo del que participaron diversas organizaciones de siete municipios (Sogamoso, Beteitiva, Tópaga, Susacón, Tota, Mongua y Boavita), comunidades, autoridades municipales y departamentales, entre otros actores. En palabas de Henry Estupiñán, coinvestigador regional, “la experiencia que se desarrolló con estas organizaciones fue idea de todos; todos participaron en el proceso de elaboración y ejecución del proyecto y se tuvo un buen impacto tanto en lo local como en lo regional”.

La dimensión comunicativa tiene tal relevancia en la experiencia, que una de las dificultades que emergen en el desarrollo del proyecto tiene que ver con el uso del lenguaje. Al respecto, se menciona que “el primer equipo técnico no utilizaba un lenguaje apropiado para llegar a las comunidades a transmitir los conocimientos”, por lo cual se decidió cambiar el equipo técnico y reorientar el proyecto. Así mismo, se reconocen los impactos positivos de la experiencia en cuanto a la adquisición de capacidades comunicativas, el uso del lenguaje y la fluidez en el diálogo; la convivencia; los procesos de aprendizaje y concientización social y ambiental; el reconocimiento e intercambio de conocimientos propios, tradicionales y ancestrales; el reconocimiento y la inclusión de las mujeres en los procesos organizativos y productivos, y en los escenarios de toma de decisiones; el empoderamiento, “algunas madres beneficiarias del proyecto han empezado a terminar sus estudios académicos”; la participación de las organizaciones en la elaboración de las políticas públicas en seguridad alimentaria a nivel local y departamental; la visibilización del proyecto, entre otras.

En primera instancia, se identifica la comunicación oral y a través de cartas escritas entre las organizaciones y la comunidad, así como para solicitar apoyo a las administraciones municipales.

Se realizaron foros con los precandidatos a las alcaldías, para conocer sus programas de gobierno en relación al tema ambiental.  Durante las etapas de formación, se realizaron talleres de capacitación a los beneficiarios y se recuerda la figura de la promotoría, la cual consistía en que cada organización contaba con una persona (promotor/a) quien se encargaba de convocar e informar a los beneficiarios y beneficiarias del proyecto sobre las actividades a desarrollar; era, además, el canal de comunicación entre los coordinadores del proyecto, la organización y los beneficiarios de las actividades del proyecto.

Durante el desarrollo de la experiencia, también se dieron espacios de encuentro relevantes que eran los almuerzos comunitarios. Estos almuerzos se hacían en las fincas de los distintos beneficiarios/as del proyecto, en ellos participaban los miembros de la comunidad (preparaban y compartían entre todos, los alimentos), y aunque tenían como finalidad observar y hacer seguimiento a la implementación de las huertas agroecológicas en los predios, también se constituyeron en espacios importantes de comunicación, pues permitían la socialización del proyecto y la toma de decisiones comunitarias.

En el caso de los mercados campesinos locales, estos también se constituían en espacios de encuentro y socialización relevantes. Su difusión y convocatoria se realizó a través de cuñas radiales por las emisoras comunitarias, como la de la Asociación Soñando Caminos, de Beteitiva. En cuanto a la difusión de los resultados del proyecto, se desarrollaron piezas comunicativas entre las que se encuentra una cartilla, un portafolio de servicios de las organizaciones, un almanaque ambiental y un video, el cual reúne los testimonios teórico-prácticos de las actividades realizadas dentro del proyecto por parte de los beneficiarios/as y el equipo técnico, el intercambio de experiencias, como la recuperación de semillas y el conocimiento ancestral, y las habilidades artísticas y culturales de algunos beneficiarios.

 

El caso de Chocó – Reglamentos Internos

En el caso de la experiencia de Chocó, cabe destacar que los Reglamentos Internos del Consejo Mayor de COCOMACIA son, en sí mismos, producto de un proceso comunicativo, en tanto son el resultado de “recoger todas las ideas que dieron las comunidades a través de un proceso de discusión y elaboración de la propuesta de titulación colectiva”. Es decir, la creación, construcción y aplicación de los Reglamentos Internos, como herramienta de control social, territorial y administrativo en las comunidades, solo fue posible a través de mecanismos y dinámicas comunicativas.

Un ejemplo fundamental de estas dinámicas son los talleres comunitarios, los cuales tienen un origen ancestral “donde, principalmente, los mayores de la comunidad van contando los hechos que han ido pasando en las comunidades”. Originalmente, a estos encuentros los llamaban el Consejo de Ancianos, y todas las personas de la comunidad respetaban las directrices que allí surgían. A partir de la Ley 70 de 1993, estos espacios de encuentro se retomaron a través de los Reglamentos Internos, como normas ancestrales para regular tanto el manejo de los recursos naturales como las relaciones interpersonales, familiares y comunitarias. Otros importantes espacios de socialización que se identifican son los encuentros comunitarios e intercomunitarios, las asambleas comunitarias y la asamblea general.

En un territorio tan extenso como el del área de influencia de COCOMACIA, las dinámicas de comunicación entre comunidades, en muchas ocasiones, presuponen sofisticadas formas organizativas “basadas en la autonomía local y zonal hasta llegar a la máxima autoridad, que es la asamblea general”.

De este modo, la construcción de los Reglamentos se logró a través de las asambleas comunitarias, con el acompañamiento de los comités zonales, que son órganos de enlace entre el Consejo Comunitario Mayor y las comunidades; y con la participación de un delegado del comité disciplinario, teniendo en cuenta que el cumplimiento de las decisiones plasmadas en los Reglamentos es responsabilidad de la autoridad local, es decir, la junta del consejo comunitario respectivo.

La asamblea general de COCOMACIA, la cual se realiza cada año, permite a los consejos comunitarios compartir información frente al cumplimiento de los Reglamentos Internos, así como impartir las directrices y políticas de la organización. En cada una de las nueve zonas del área de influencia de COCOMACIA se realiza un encuentro zonal cada cuatro meses, el cual es el espacio de comunicación más efectivo que han tenido las comunidades para dar a conocer los Reglamentos, las actividades realizadas por la organización y las dificultades que se presentan en el territorio.

Otros mecanismos han sido las giras o los recorridos, comunidad por comunidad, realizados por comisiones específicas de la organización COCOMACIA. Estas giras permiten la reunión de los miembros de las comunidades y la junta directiva de los consejos comunitarios locales para informar la situación de cada comunidad.

Para el caso de la comunicación con las instituciones del Estado, se realizaron varias reuniones coordinadas por COCOMACIA y la Casa de Justicia de Quibdó, apoyadas por el Ministerio del Interior y de Justicia. Estos espacios de socialización permitieron dar a conocer los Reglamentos Internos de las comunidades del Medio Atrato, así como construir un protocolo de relacionamiento entre las autoridades propias de las comunidades y la justicia ordinaria, donde se definieron claramente las competencia de cada uno dentro del territorio.

En cuanto a la difusión, se cuenta con medios de comunicación como la revista El Atrateño, la emisora comunitaria COCOMACIA Stereo, también se mencionan como espacios de difusión los talleres y reuniones comunitarias, la comunicación a través de cartas, así como plegables, pancartas y boletines.

Formas alternativas de comunicación y resistencia: “Atratiando”

“’Atratiando’ consistió en un recorrido fluvial por el Medio Atrato durante una época en la que esta zona era intransitable, ya que grupos armados al margen de la ley atemorizaban a los habitantes de estos municipios, por lo cual algunas comunidades se desplazaron a la ciudad de Quibdó. En el evento, los 124 consejos comunitarios de la organización COCOMACIA, con el apoyo de ONG y de algunas entidades municipales, como la Diócesis de Quibdó, ratificaron su derecho al territorio y a una vida en armonía al decir ‘aquí estamos, es nuestro territorio y no nos vamos’. Luego del evento, líderes y demás habitantes de las comunidades fueron retornando a las mismas, lo que demostró que el ‘Atratiando’ trajo buenos resultados como tranquilidad y posibilidad de volver a transitar las aguas del río Atrato. Esto fue la demostración del poder de la gente que enfrentó el poder de la violencia, fue una propuesta de empoderamiento pero también de resistencia.”

 

La comunicación durante el proceso de sistematización

La comunicación está en la esencia del proyecto el cual, articulado por el proceso de sistematización, permitió no solo reconstruir analíticamente las experiencias regionales, sino generar diversos espacios de encuentro entre las organizaciones, los coinvestigadores y la comunidad para narrar y reflexionar sobre las experiencias; circular, compartir y adquirir nuevos conocimientos; fortalecer los vínculos comunitarios y las capacidades organizativas; visibilizar y divulgar tanto las experiencias como el presente proyecto, a fin de que tengan continuidad y, además, sirvan de apoyo en procesos similares.

Los procesos de comunicación durante la sistematización coordinada por la Corporación Ecofondo, tienen su punto de partida en la formulación misma del proyecto, en la cual se plantean objetivos ligados al “uso de herramientas de comunicación”, “generar herramientas comunicativas”, “promover espacios de diálogo“, entre otros; y donde se definen, de antemano, los productos que el proyecto debe obtener: documentos, programas de radio, artículos de prensa, portal web, foros, publicación, talleres, redes temáticas, piezas de difusión, etc.

Este planteamiento, aunque entendido como una propuesta inicial, necesariamente enfocó el componente de comunicación del proyecto hacia una perspectiva instrumental, centrada en gran parte, en la producción de ciertas herramientas y piezas comunicativas con fines de convocatoria, transmisión o difusión. Entonces, buena parte de los esfuerzos se volcaron hacia la capacitación para la realización de dichas herramientas, especialmente los programas radiales. Sin embargo, en la medida en que el equipo sistematizador profundizó en su conceptualización de la comunicación y su relación con la apropiación social del conocimiento, comprendió la comunicación desde una dimensión mucho más amplia, como un proceso que atravesaba tanto el proyecto de sistematización como las experiencias que esta abordaba, si bien implicaba el uso de medios y herramientas en ciertos momentos con objetivos específicos.

Por otra parte, al reflexionar colectivamente sobre los productos comunicativos planteados en la formulación el proyecto, se encontró que –aunque afines, en muchos aspectos, a las necesidades de las experiencias regionales y del proyecto mismo–, al haber sido pensados desde la coordinación central de Ecofondo en una etapa tan prematura, sin responder a una estrategia de comunicaciones discutida y consensuada con todas las organizaciones involucradas, resultado del proceso mismo de sistematización, algunos de dichos productos comunicativos no fueron del todo “apropiados para” ni –valga la redundancia– “apropiados por” las organizaciones y sus contextos.

No obstante, desde el punto de vista del proceso de comunicación dentro del proyecto hubo grandes aciertos y aprendizajes para todas las organizaciones, incluyendo a Ecofondo, que permitieron afrontar los desafíos que supuso el abordaje de tres experiencias tan vastas, en regiones del país tan distantes y contextos tan particulares, y especialmente, preservar los conocimientos adquiridos en documentos que permitirán replicar en el futuro estos aprendizajes.

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