Apropiación Social del Conocimiento

....... y político de las mujeres

El proceso de recuperación de la experiencia campesina en 7 municipios de Boyacá para la producción agroecológica, comercialización y fortalecimiento organizativo, que pretendió indagar en torno a los aprendizajes generados a través del establecimiento de sistemas agroecológicos durante los años 2008 a 2010 a través del Programa Nacional ACDI – Canadá – Ecofondo; puso de manifiesto un logro no planificado en el proyecto que merece especial relevancia al constituirse en un factor fundamental para la sostenibilidad de los resultados, y de manera particular, para el proceso de apropiación del conocimiento.  en el marco del proyecto: sistematización, análisis y promoción de procesos de apropiación social de CTI en el marco de la investigación participativa de organizaciones sociales en tres diferentes contextos culturales y ambientales de colombia.

Esto es el empoderamiento de las mujeres participantes del proyecto, quienes de manera reiterativa lo enuncian como uno de los más importantes logros de la experiencia vivida, y ha generado una mayor apropiación al validarlo como una oportunidad para su propio desarrollo personal y organizativo.

En este punto resulta necesario precisar elementos conceptuales en relación al empoderamiento, ya que es a partir de ellos que se realiza esta primera lectura de la experiencia vivida por las mujeres, aclarando que no es un ejercicio exhaustivo.

En términos generales el empoderamiento tiene implícita la noción de personas que adquieren control sobre sus propias vidas, como la expansión en la libertad de escoger y de actuar, aumentar la  autoridad y el poder del individuo sobre los recursos  y las decisiones que le afectan.  En el caso de las mujeres, el empoderamiento se  identifica como un proceso por medio del cual las mujeres incrementan su capacidad de configurar sus propias vidas y su entorno, una evolución en la concientización de las mujeres sobre sí mismas, en su estatus y en su eficacia en las interacciones sociales, es así como las mujeres toman conciencia de su realidad para analizarla y tomar decisiones de cambio.

En la actualidad las mujeres que hicieron parte del proyecto se reconocen como productoras, sujetos económicos capaces “independientes y reconocidas (….) con capacidad de participar en espacio de  decisiones, lideres responsables (….) de ser respetadas  y valoradas por sus hijos (……) tomar sus decisiones sin  pedir permiso al marido”, a diferencia de la condición anterior en la cual ocupaban una posición de subordinación y dependencia total con respecto a los hombres, describiendo que antes eran “sumisas y dependientes”.

Al reflexionar con ellas sobre el camino recorrido en este aspecto, se identifica como factor clave el empoderamiento económico que les permitió el proyecto “podemos tener nuestro propio dinero en el bolsillo,  esa independencia económica tiene otro tipo  de independencia también, es una independencia que me reconozcan, que yo puedo tomar decisiones dentro de las reuniones que vamos a hacer como familia”.

Los patrones culturales patriarcales determinan, entre otros asuntos, la división del trabajo al interior de las familias. Así, las mujeres se mantienen en el espacio privado del hogar en el que sólo se les reconoce un rol ligado a las necesidades de supervivencia, al considerarse que ellas no están en capacidad de ponerse al frente de las actividades productivas que se constituyen en eje central de generación de ingresos, contrario al rol atribuido a los hombres y que les otorga un papel de dominación al tener el control de los recursos económicos de la familia.

Según las mujeres, el proyecto les ofreció la oportunidad de romper con esta estructura al permitirles asumir junto con los hombres el papel de proveedoras para su familia. Es posible comprender  esta transformación si se tiene en cuenta la estrecha relación entre la capacidad de proveer y la capacidad de negociar al interior de la familia. Así, al convertirse en un sujeto económico relevante, les fue posible superar uno de los mayores condicionantes en las relaciones de poder, ya que la subordinación está definida por quién detenta la propiedad sobre los recursos económicos “la generación de ingresos, inició la independencia de las mujeres, total independencia y  reconocimiento de las mujeres (……)”, “yo recuerdo una salida que tuvimos de integración (…..) pero los señores decían si no llevan al niño no va a esa integración, antes entonces permitimos ese condicionamiento que era un atropello contra la mujer”.

Hacerse visibles al interior de sus familias como personas con poder de decisión fue el resultado de un arduo proceso personal que les exigió trasformar la autodefinición que hacían de sí mismas como seres incapaces e incompetentes, a una autodefinición completamente contraria en la que la propia capacidad es el elemento  integrador de la autoimagen.

El cambio personal se dio, entre otras razones, gracias a la capacitación y la experiencia cotidiana de aplicar lo aprendido, lo cual les fue mostrando sus competencias y las colocó en una situación que contradecía lo que siempre les habían dicho sobre sí  mismas y que ellas habían incorporado como parte de su identidad “(……) la formación que se brindó desde un comienzo, porque ellas se autoreconocen que son  capaces”.  

Ante el malestar emocional que ocasionan estas contradicciones, surge la necesidad de hacerse preguntas, de embarcarse en procesos reflexivos que empiezan a dar mayor fuerza a ideas cómo “soy capaz, puedo aprender, puedo hacerlo bien”. Es entonces cuando la autoestima se eleva, la propia identidad se recompone, la dimensión subjetiva se transforma convirtiéndose en el motor del cambio, en la fuerza interior para creer en sí  mismas, para tener mayor seguridad emocional y así lograr un mayor reconocimiento y nueva posición dentro de la jerarquía familiar y, por ende, mayor poder de negociación dentro de ella “ahora los hijos también nos tienen que colaborar, tienen que igualar trabajo, entonces eso ya se notó el cambio de la familia, hay trabajo de equipo”.

Otro elemento a destacar en este proceso de empoderamiento lo constituye su desarrollo organizativo, pues esto es lo que les da la dimensión colectiva como sujetos sociales, económicos y políticos. La preocupación por el fortalecimiento de su organización y por hacer parte de los espacios de toma de decisiones es prueba fehaciente de la emergencia de una identidad colectiva, del reconocimiento y legitimidad de rol como gestoras de cambio en sus comunidades y el municipio, gestoras de proyectos y de su sostenibilidad, así como de la importancia crucial de la participación política para tener influencia en las decisiones que les afectan. Todo esto se constituye en un factor clave para asegurar la sostenibilidad del proyecto “Presentaron proyectos a la alcaldía, sostenimiento de  la emisora comunitaria, participación en espacios de decisión (……) postuladas a  candidatas al concejo municipal”, “(……) la participación de la mujer, (….) la organización donde la mujer es la que lidera, la independiente, la que ha llevado del bulto en las buenas y en las malas”.

Puede afirmarse que estos cambios han sido muy profundos, toda vez que las mujeres son conscientes de ello, y  se pueden percibir no solamente por lo que ellas afirman ser ahora, sino también porque utilizan un lenguaje que denota la posesión tanto de valores, percepciones, conocimientos nuevos en relación a la independencia  económica, las relaciones de pareja, con sus hijos, su autoestima, la valoración que hacen de su autonomía y del papel que pueden cumplir en sus comunidades. 

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