Tala indiscriminada en la selva de Caquetá para favorecer ganadería.

El año pasado se talaron 170.000 hectáreas de bosque en Colombia. Cuatro de cada diez se tumbaron en la región amazónica, un pulmón del planeta que ante la realidad del calentamiento global requiere con urgencia un plan para detener su destrucción. El gobierno colombiano, con el impulso de otros países interesados, se ha embarcado en una lucha para lograrlo mediante programas como Visión Amazonía o la Burbuja contra la deforestación.

Sin embargo, como pasa casi siempre, los esfuerzos institucionales van más lentos que las dinámicas que pretenden controlar. Eso es lo que está pasando en San Vicente del Caguán, el municipio más deforestado del Caquetá con 18.000 hectáreas derribadas el año pasado. Y mientras el gobierno alista sus planes de intervención, en el Caguán las talas continúan a un ritmo que permite predecir que las cifras de 2016 van a ser ampliamente superadas.

Al menos eso es lo que le contó a Semana Sostenible un líder de la región de Sabanas del Yarí que prefiere no publicar su nombre para evitar inconvenientes de seguridad. Según él, desde principios de agosto varios pobladores de la zona han ingresado a un área de reserva forestal instituida por la propia comunidad para tumbar el bosque y establecer pastos para la ganadería. El saldo, dice él, son al menos 2.000 hectáreas deforestadas hasta ahora y con grandes posibilidades de aumentar en los próximos meses.

El dirigente afirma que algunos de los invasores no tienen tierra y esa es su excusa para ingresar a la reserva, pero que otros que sí tienen también están tumbando para ampliarla y obtener más beneficios cuando finalmente llegue el Estado a hacer presencia. “Nosotros como Junta de Acción hemos tratado de intervenir, pero eso nos ha creado inconvenientes porque la gente lo toma como si estuviéramos en contra de ellos, de que tengan su tierra y la puedan trabajar. Al contrario, nos dicen que si queremos que se salgan les busquemos una alternativa productiva”.

Tradicionalmente, las épocas de tala en esa región del país comenzaban en octubre y noviembre, pero ante la expectativa de la acción institucional los campesinos se adelantaron y comenzaron estas actividades desde el pasado mes de agosto. “Si es que nos van a meter presos, al menos ya tenemos tumbado”, dice el líder que dicen sus paisanos. También cuenta que se han comunicado con Corpoamazonía, el Instituto Amazónico Sinchi y Parques Nacionales para advertirlos de la situación, pero no ha habido respuesta hasta el momento.

“A pesar de que lo saben y lo escuchan de nuestra propia boca no han hecho nada para evitarlo. En reuniones anteriores han dicho que van a judicializar a los taladores, pero cuando viene el Ejército, que es lo único que viene por acá, lo que preguntan es dónde están las disidencias de las Farc y en eso se enfocan”, se queja el líder comunal.

Semana Sostenible se comunicó con el general César Parra, comandante de la Burbuja contra la deforestación en el Caquetá, para preguntarle por las denuncias del líder del Caguán. Parra respondió que conocían la situación porque “hace 15 días tuvimos reunión de la burbuja en San Vicente y analizamos ese tema. Habrá una reunión dentro de ocho días con todas las comunidades de esa región, con el Ministerio de Medio Ambiente, Vision Amazonía y personal de la alcaldía municipal para dar a conocer los proyectos que se van a generar allá”.

Mientras tanto, el líder comunal advierte que las talas seguirán su curso. “Esto apenas está comenzando, en estos días se va a aumentar y el gobierno y las autoridades ambientales se van a impresionar cuando por fin vengan. En ese momento tal vez logren judicializar a alguien, pero eso no va a servir de mucho porque igual no evitaron que todo ese bosque desapareciera”, concluye.

 

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